miércoles, 16 de noviembre de 2011

La gorra anti-crisis con orejeras

Cuando llegué a casa, mi madre sostenía una extraña gorra con orejeras que mostraba orgullosa a mi padre. Por el tono de voz que empleaba y la atención que él le prestaba, me pareció que el asunto tenía relevancia. Mi madre le enumeraba cadenciosamente a mi padre las excelencias del complemento recién adquirido. Era una gorra forrada, con unas orejeras diseñadas para proteger el pabellón auditivo de las frías mañanas invernales. Mi padre tomó en sus manos la gorra, la examinó y asintió satisfecho. La sonrisa de ambos me confirmó que la compra, además de acertada, había sido todo un éxito, a pesar de que a mí solo me parecía una gorra, sin mayor misterio.

No sé si fue exactamente en esa misma madrugada, pero sí recuerdo que en otras ocasiones en las que el reloj despertador de mi padre, que invariablemente sonaba a las 5.30h, me desvelaba, le oía encerrarse en el baño para asearse y prepararse para una nueva jornada laboral. Cuando cerraba la puerta de casa, yo me lo imaginaba dirigiéndose al trabajo en su bicicleta, cubierto y debidamente protegido del frío con la gorra forrada que le había regalado mi madre. Esto me proporcionaba una gran satisfacción, me hacía sentirme feliz y recuperar inmediatamente el sueño.

Mi padre, que podría tener muchos defectos, tenía al menos una innegable virtud, que era la de conseguir ser feliz con las cosas más sencillas, de ahí la cara de satisfacción que puso al recibir de la mano de mi madre la gorra orejera forrada. Con los años, mi admiración se ha acrecentado. A la razón de la sencillez he añadido la de la esencialidad. A mi padre mientras vivió sólo le preocupó lo esencial y nunca lo accesorio. De la misma manera elegía el plato que degustaba por el filete y no por los guisantes de la guarnición. Saber que había elegido correctamente le bastaba para ser feliz.

Procuro no olvidar esta lección. A pesar de ello, en los momentos de cierta bonanza económica y de dispendio olvidamos lo esencial, nos apartamos de la sencillez y nos preocupamos por cuestiones banales. Es curioso: si echamos la mirada hacia atrás podremos recordar momentos de desasosiego provocados por  la imposibilidad de obtener una entrada para el concierto del músico de moda o del partido de fútbol de una competición de tercera. Cuestiones todas ellas de escasa importancia. Muchas veces he oído decir a mi madre que solo echamos de menos aquello que perdemos. Por ejemplo, damos realmente la importancia que tiene disfrutar de una buena salud sólo cuando aquélla nos falta.

Ahora no estamos en un buen momento económico. Todos los indices nos anuncian un futuro incierto. Hoy mismo, sin ir más lejos, la prima de riesgo ha alcanzado máximos históricos. Es lógico que mostremos nuestra preocupación. Yo mismo en estas páginas he hablado de ello; pero cuando el desánimo alcanza un cierto nivel, un punto al que ya he llegado, y considero que eso puede afectarme hasta el punto de llegar a distraerme de mis ocupaciones principales, se activa automáticamente un mecanismo que me trae al recuerdo la lección fundamental de mi padre: "lo que importa es el filete y no la guarnición". Y el filete es lo sencillo, lo próximo, lo que carece de complicación..., lo esencial. El filete es ser feliz con las cosas más sencillas, ser feliz con lo que tenemos.

La crisis es como aquellas ecuaciones diferenciales, que tanto nos martirizaron en nuestros años mozos, tiene infinitas soluciones generales y además una particular. Que cada uno busque la suya, aunque una buena opción consiste en pertrecharse con el gorro con orejeras y esperar, protegido de las inclemencias, a que el tiempo escampe. ¿Qué otra cosa a estas alturas podemos hacer?

martes, 15 de noviembre de 2011

Extrañas coincidencias

Cuando aparecieron los primeros síntomas serios de la crisis, el primer ministro francés habló de la necesidad de refundar el capitalismo. Para la izquierda, sin embargo, la ocasión era propicia para anunciar el fin del capitalismo e incluso esa misma izquierda recuperó el viejo discurso marxista en el que se decía que las contradicciones del capitalismo acabaría con este sistema. Y el momento había llegado. ¿Pero realmente estamos ante una contradicción o por el contrario estamos ante la visión más pura (y descarnada) del capitalismo? Es obvio que la respuesta a la crisis en absoluto ha consistido en alguna de estas dos opciones: ni re-fundación ni salida por la "izquierda", sino más bien todo lo contrario: más capitalismo de manual: aplicación de más ajustes, reducción de déficit públicos, etc.

A pesar de todas las medidas aplicadas por los Gobiernos de los países periféricos, los mercados se muestran insaciables. Quieren más. Hacen quebrar a Islandia, Grecia, Portugal... Y es posible que también a Italia y a España. ¿Y después qué?

Todo apunta a que si los mercados siguen presionando la Unión Monetaria, la Unión Económica, la Unión Europea se van directamente al garete.

Lo más sorprendente es la respuesta que ha dado a esta situación el Gobierno europeo (Sarkozy-Merkel). Esta ha consistido en retirar de la dirección política a los políticos y poner en su lugar a los técnicos, a los gurús del mercado, a los tecnócratas. La Unión Europea no se ha cortado un pelo y ha puesto primeros ministros en Grecia y en Italia. Así, sin más, y sin despeinarse. Y en los países en los que no pone primeros ministros, susurra a éstos en el oído las políticas que deben hacer, y si no hacen lo que se les dice echan regañinas del tipo "malo Berlusconi", "lento Zapatero", "tu tiempo ha terminado, Sócrates"...

Quién iba a decirnos hace tan solo unos meses que coincidirían en algo tan importante los indignados del 15M y los mercados: en la defenestración de los políticos. Ya advertimos en su momento de este riesgo. Algunos se equivocaron al lanzar precipitadamente proclamas contra todo político que se mueva y por extensión contra la política. Los que gritaban ¡fuera políticos¡ hoy les han escuchados los mercados, que han aceptado la sugerencia y han dicho: pues sea: fuera los dirigentes de Grecia e Italia, nos lo pide el pueblo (y el bolsillo).

Desde luego a mí no me gustaba nada Berlusconi; pero eso no es óbice para advertir que tanto en Italia como en Grecia debían haber sido los ciudadanos de sus respectivos países quienes decidieran sobre su futuro y el de sus dirigentes; pero no ha sido así. Han sido sustituidos, relevados, sin consultar a los ciudadanos y sin convocar elecciones, y todo ello por órdenes de la superioridad. ¿Este es el modelo que queremos para salir de la crisis? Insisto: ya advertimos de este peligro y ya dijimos que la solución no está en la denigración de la política, en la desidia o en la abstención. La solución consiste en todo lo contrario, en un mayor compromiso social, en una mayor implicación de los ciudadanos en las decisiones de Gobierno. La solución, en definitiva, es más participación y más democracia.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Elogio al talento

El empollón de la clase de mis tres cursos de bachillerato era una excelente persona. Era un chico educado y formal, aunque para mi gusto excesivamente rígido y, en ocasiones, demasiado ñoño. Interaccionaba lo justo con el resto de compañeros de clase. Apenas participaba en las actividades colectivas y extraescolares. No formaba parte de ningún equipo deportivo del instituto ni por supuesto lo representaba en competición alguna. Tampoco formaba parte del grupo de redacción de la revista dirigida magistralmente por el profesor de Geología, ni era del cineclub impulsado por Celestino, el jefe de Estudios. No participaba de los procesos electorales para elegir delegados. No le interesaba presentar trabajos a los concursos literarios ni participar del coro, si eso no tenía una repercusión directa en las calificaciones. La pregunta que se hacía era: ¿Eso sube puntos en la nota? Todo su tiempo lo empleaba en estudiar para obtener buenas calificaciones. Y esto lo hacía muy bien.

Haciendo honor a su fama de empollón de la clase, nunca nos defraudó. Siempre obtuvo las mejores calificaciones del aula. Lo más sorprendente es que de todos era conocida su falta de competencia para la actividad física y el deporte. En los partidillos y actividades que organizaba el profesor de Educación Física nadie lo quería en su equipo, era un manta de una torpeza proverbial. Se puede decir sin miedo a exagerar que era un auténtico patoso. Que yo recuerde, lo mismo ocurría en las clases de Filosofía o de Religión: estas eran clases más dinámicas y participativas y en ellas los profesores invitaban a opinar. Él nunca lo hacía, porque todavía "no había estudiado el tema". En ocasiones, el "tema" nunca llegaba, como en clase de Religión de la que nunca conocimos el programa. Siempre constituyó para nosotros un auténtico misterio, de la misma entidad que el de la santísima trinidad, saber cuál era el criterio que aplicaba el "cura" para calificar a los alumnos, dado que habitualmente no existían pruebas escritas.

A pesar de ser como he dicho manifiestamente torpe, el empollón de la clase siempre sacó, para regocijo de él y su familia, sobresaliente en Gimnasia, y lo mismo ocurría con Religión, filosofía, Música, etc.

Un buen día el profesor de matemáticas me contó su indignación debida al desarrollo de la reunión de evaluación que se acababa de celebrar para los alumnos del aula de la que él era tutor. El expediente de un alumno (con un peculiar carácter áspero y rebelde) que entró a la reunión de evaluación con CUATRO suspensos, salió asombrosamente de ella con todas las asignaturas aprobadas. Me contó que el milagro se obró a consecuencia de ser él, como profesor de matemáticas, el primero en decir la calificación de "Notable". Eso encendió todas las alarmas y, automáticamente, los profesores de Gimnasia, Música y Religión que traían anotadas en sus agendas un "suspenso" (más por su actitud que por su aptitud), cantaron un artificioso "aprobado". La profesora de Geografía, que estaba dudosa, resolvió el conflicto aprobándolo también. Este alumno era un personaje singular, algo retraído y poco comunicativo. En eso, al menos, algo se parecía al empollón de mi curso. Le gustaba dibujar y pintar, y le gustaban también las matemáticas, así que en primero de bachillerato no hizo otra cosa en todo el año que pintar y resolver enormes castillos de fracciones, que era lo que le divertía. Por lo que a mí respecta, debo decir que el suspenso de Religión se lo tenía bien merecido, porque se negó a dibujar para el cura la ilustración de un díptico para la Semana Santa de aquél año. Lo sé porque tuve que hacerlo yo, probablemente con el mismo disgusto e indiferencia que él; pero con peor maña. Curiosamente, mi calificación de Religión fue idéntica a la que obtuve en matemáticas. Sea por unas razones o sea por otras, el afortunado alumno díscolo aprobó en aquella evaluación todas las asignaturas como podía haber suspendido CINCO si hubiera realizado un mal examen de matemáticas. ¡Qué ironía!

Pero el asunto de las calificaciones abultadas artificialmente no quedaba ahí. A los alumnos que obtenían una extraordinaria calificación en matemáticas o en física de forma automática, que solían ir parejas, se les ponía igualmente otra calificación igual de extraordinaria en las asignaturas denominadas "marías": Religión, Gimnasia, Música, etc. Entonces se decía que, como son pocos estos alumnos extraordinarios, es poca también la injusticia que se comete con ello. Por eso se les elevan artificialmente las calificaciones, para no "perjudicar" su brillante expediente (que con el amaño, dicho sea de paso, se hacía aún más brillante). El expediente académico de los etiquetados por el sistema como "mediocres" a nadie interesaba.

Por los años que han pasado y por la experiencia acumulada puedo decir que, algunos de aquellos alumnos que obtuvieron unas calificaciones extraordinarias en el bachillerato e incluso las mantuvieron en la Universidad, no han destacado en nada. Hoy son hombres grises desprovisto de talento alguno. No es que hayan perdido el talento es que nunca lo tuvieron. Las extraordinarias calificaciones, el brillante expediente académico, la inmaculada hoja de servicios les ha servido, a lo sumo, para "colocarse" mejor que el resto de los mortales en un sombrío y cómodo puesto de trabajo. En cambio, algunos, que hicieron un bachillerato "mediocre", al llegar a la Universidad o al Conservatorio de Música o al equipo profesional del deporte en el que destacaban (eso sí con unas pobres calificaciones) se vieron liberados de las múltiples trabas y del corsé impuesto por el régimen del instituto y pudieron por fin desarrollar el talento que en aquellos borrosos años nadie supo apreciar. Otros, lamentablemente, con el mismo talento, vieron malogradas sus expectativas y truncado su futuro por falta de atención a su debido tiempo. En estos dos últimos casos, los que han conseguido éxito han tenido que trabajarlo con denuedo, porque hasta donde yo sé nadie les ha regalado nada.

Esto ocurrió hace tanto tiempo que ya me había olvidado de esta historia. Ahora, al rememorarla, he tratado de ubicar física y laboralmente a aquellos compañeros "empollones" y no he sido capaz de recordar un sólo hecho de su actividad profesional que deba ser destacado. Sin embargo, paradógicamente, en este tiempo he podido disfrutar de la alegría de los éxitos de los "otros", al ver cómo ascendían en el deporte profesional, cómo accedían a importantes cargos de responsabilidad en empresas e instituciones o cómo impulsaban actuaciones en beneficio de toda la sociedad que, además, enriquecían al país. Entre ellos recuerdo a futbolistas del Valladolid o del Zaragoza, empresarios de solvencia, dirigentes políticos, profesores universitarios y profesionales liberales a los que en su día a penas se les prestó atención, porque no encajaban en el estándar de "alumno brillante". Muchos de ellos debieron crecer, prepararse y, finalmente, obtuvieron el reconocimiento al margen del sistema educativo regular. 

Hoy yo tengo hijos en el Instituto. La realidad de entonces poco tiene que ver con la de ahora y sin embargo, lamentablemente, observo con asombro que nada ha cambiado. He visto y conocido chicos de un talento extraordinario y he visto la maquinaria implacable del sistema educativo aplastarlo: programa, programa y programa. Disciplina y café para todos. Si el chico manifiesta una sensibilidad especial para la música, que la familia lo promocione en un coro o en una escuela de música. Si el chico destaca en la literatura o en la actividad física, que su familia se encargue de ofrecerle alternativas al margen del sistema educativo, que éste ni tiene medios ni tiempo para ocuparse de ello.  Si el muchacho manifiesta habilidades en el campo de la biología que dé paseos por el campo con sus amigos. Para la institución educativa, lo fundamental es que se "centre", cumpla con puntualidad inglesa el "horario", se atenga al "programa" establecido y sobretodo que "no moleste".

A mí no me importa que al empollón de turno, para no "manchar" su expediente, le suban artificialmente la calificación de las asignaturas de Educación para la Ciudadanía, Música o Gimnasia. Lo que me preocupa es que nadie estimule la sensibilidad creativa de los que tienen talento para las artes, para las ciencias o para el deporte. Me preocupa que los profesores no dispongan de medios ni de tiempo ni de programas para descubrir y atender a estos chicos. Me preocupa que el sistema educativo camine de espaldas a esta realidad plural. Ese es un lujo que no se puede permitir este país. No estoy hablando de la elite ni de un puñado de estudiantes en concreto, ni siquiera me estoy refiriendo a los que demuestran precozmente algún talento. Me refiero a una multitud de jóvenes, extraordinarios muchachos, ávidos por aprender y participar activamente del mundo que les rodea y que todavía están por descubrir.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Otra vez en la calle

Quién lo diría; pero ya estamos otra vez inmerso en plena campaña electoral. Es lo que tiene la democracia. Yo soy de los que el 20 N acudiré a las urnas, como he hecho siempre que me han convocado desde que tengo derecho al voto. Pretendo ejercitar este derecho otorgado, aún siendo consciente de lo devaluado que está y del escaso valor que en estos tiempos tiene. Recientemente se ha publicado una encuesta en la que se pone de manifiesto que un alto porcentaje de ciudadanos españoles considera que el poder no está ni en el Parlamento ni en el Gobierno, sino en los bancos y en las grandes fortunas. Yo soy también de esa opinión, de manera que nunca me hago demasiadas ilusiones con los resultados que se obtengan en unas elecciones, con independencia de que la formación política por la que deposito mi voto quede bien o mal parada.

Sin embargo, considero que especialmente en estos momentos el ir a votar es muy importante. De lo que se trata en esta ocasión es de cambiar de "Gobierno", no de "régimen" y justamente ahí está el peligro. Mientras ejerzamos nuestro legítimo derecho al voto estamos reforzando el proceso democrático y estamos lanzando un mensaje a esas fuerzas vivas, a esos poderes fácticos y todopoderosos que cada vez se ocultan menos, un mensaje en el que decimos  "Nuestra apuesta democrática es clara y nítida. Estamos vigilantes". De lo contrario, con el absentismo, lo que provocamos es el deterioro del sistema electoral y situamos el Parlamento salido de las urnas y el subsiguiente Gobierno en una posición de debilidad frente a los poderes fácticos, al margen de los límites del perímetro que encierra la democracia. Situamos al Gobierno en los aledaños de otro "Régimen". Y a mi el que me gusta es éste, el democrático, no el "Otro".

El 20N, como en cada convocatoria electoral, se trata de definir nuestras preferencias política y, por tanto, las directrices maestras que el próximo Gobierno deberá aplicar. Cada uno, cada votante, cada ciudadano, es consciente de la situación en que vivimos y de igual manera cada uno manifiesta y opina, emitiendo su voto, qué política le conviene que se haga. Pero en la actual situación de desesperación económica se decide algo más. Creo que tan importante es mostrar las preferencias por el partido y la ideología que queremos que nos dirija durante los próximos cuatro años, como poner el acento en el partido y la ideología que debe ejercer no ya de oposición y control en el Parlamento, sino de elemento moderador para que el sistema democrático no salte hecho mil pedazos.

Eso es lo que ocurre en cualquier situación de alto riesgo, el que está al frente debe prever los mecanismos de seguridad que frenen una reacción catastrófica. En las Centrales Nucleares, por ejemplo, tan importante es el uranio como elemento combustible que provoca la reacción como el Boro, como elemento moderador, que en caso de necesidad ralentizaría la reacción e, incluso, si la situación lo aconsejase, la pararía. A nadie se le ocurriría diseñar un central nuclear sin este sistema básico de seguridad.

Tal y como hoy está el panorama, el país se parece a una central nuclear. Cuando se desencadenan los acontecimientos corren como la pólvora y a veces es muy difícil pararlos. No importa que la iniciativa parta de un indignado que se inmola a lo bonzo en un país árabe, de un presidente griego que solicita un referéndum o de una agencia de calificación que rebaja la calificación de nuestra deuda. La atmósfera es tan explosiva que puede ocurrir cualquier cosa. Por eso es tan importante disponer de unos mecanismos moderadores claros, de unos cauces de participación claros, de unos aliviaderos de tensiones claros. Y ese trabajo le corresponde su realización al partido que los electores sitúen en la oposición. Para salir de la crisis se necesita con tanta urgencia un Gobierno fuerte que dirija y gobierne como una oposición igual de fuerte que controle y modere. No hay otra forma de fortalecer la democracia. Votemos cada uno según nuestras preferencias, pero no demonicemos ni descalifiquemos ni aniquilemos al adversario. Es tan útil ese adversario que nos gusta tan poco como el partido al que le otorgamos nuestra confianza.

Dicho de otra manera: a parir del 20N necesitamos un Gobierno fuerte y una oposición fuerte con un respaldo, ambos, consistente ratificados por una alta participación electoral. Ya sé que esto no va muy en la línea de lo que se oye en muchos foros de ciudadanos hartos y desanimados; pero eso es lo que pienso yo.

viernes, 28 de octubre de 2011

León sin futuro

León es una ciudad bonita. Es una ciudad cómoda y habitable. Tiene innumerables encantos. A los que nos visiten no les defraudará esta opinión y podrán apreciar por ellos mismos todas estas cualidades. Pasear por el barrio romántico, contemplar la sobriedad de esa belleza románica que es San Isidoro, visitar la Catedral o tomarse simplemente un café en el Hostal de San Marcos, rodeado de las mismas piedras que dieron hace  varios siglos alojamiento y martirio a Francisco de Quevedo, y empaparse del misterio que envuelve este magnífico edificio, son placeres difíciles de superar. Y esto es mucho decir, si se tiene en cuenta que quien lo sostiene es un berciano enamorado de su tierra. 

Todo lo que he dicho se puede encontrar mejor expresado y ampliado en cualquier guía turística; pero los habitantes de esta hermosa ciudad tan "habitable" no viven de esos anuncios publicitarios. Los habitantes, cada vez menos, porque cada vez son menos los que se quedan en estas tierras, ya no ven futuro a esta ciudad. Esto, aunque lo pueda parecer ahora con la crisis que tenemos encima, no es algo nuevo. Los viejos y no tan viejos del lugar recordarán los ríos de tinta que en su día corrieron por la prensa local sobre la necesidad de impulsar la industria y la creación de empleo en la ciudad. En los años ochenta del pasado siglo ya se hablaba de la despoblación de la ciudad y de la provincia. Ya se presentaban sesudos informes, estadísticas y previsiones de crecimiento negativas. Entonces ya se decía que no había industria que pudiera sustentar en un futuro la economía leonesa. Se advertía que los jóvenes deberían emigrar fuera de la ciudad para encontrar trabajo y encarar su futuro. Se decía que afectaría a todos los sectores. Las consecuencias previstas:  menos industria, menos comercio, menos estudiantes universitarios, menos jóvenes, más población envejecida, menos población residente, menos trabajo. Menos futuro.

Conscientes de esta situación, por aquellos años ochenta surgieron acuerdos institucionales, políticos, sindicales y otras iniciativas trenzadas con todo tipo de pelo, incluida la participación en la fiesta de la santa madre iglesia católica, apostólica y romana, para atajar una realidad que proyectaba la sombra de un futuro nada halagüeño. Se creó el CONSORCIO LEÓN CON FUTURO, un organismo interinstitucional que impulsaría la industrialización del alfoz de León. Se realizaron cuantiosas aportaciones económicas a este proyecto y se depositaron en él no pocas esperanzas. El Ayuntamiento de León promovió proyectos que resultaron ser un estrepitoso fracaso, como el establecimiento de la firma BIOMÉDICA en unos terrenos municipales cedidos gratuitamente. Recuerdo la puesta de la primera piedra de este proyecto, presidida por el Sr. Obispo de León. Digo que recuerdo la puesta de la primera piedra porque después no se puso ninguna más. Se formó la mesa para la reindustrialización de las cuencas mineras, se anunció a bombo y platillo la llegada de un maná en forma de cuantiosas inversiones, se fundó un INSTITUTO PARA LA PROMOCIÓN ECONÓMICA DE LEÓN, los partidos políticos suscribieron un pacto que se le dio en llamar PACTO POR LEÓN. Se puso a la cabeza a un equipo de funcionarios y técnicos que elaborarían propuestas que se decía que cambiarían radicalmente el destino de esta provincia. Se creo el PARQUE CIENTÍFICO DE LEÓN, estableciendo una alianza entre la Universidad, la Unión Europea y la Diputación Provincial. Se diseñaron proyectos para albergar viveros de empresas, parques industriales y tecnológicos, etc. Toda una orgía de iniciativas que también supusieron la movilización de importantes fondos. Todos fueron inyecciones de optimismo. Al ciudadano se le decía: descuide, nosotros nos estamos encargando de ello. Usted siga votándonos.  Todo va bien. Pero no era cierto, nada iba bien.

¿De todo aquello qué es lo que hoy queda? Por decirlo llanamente, nada. Prácticamente ya no existe ninguna de las instituciones o plataformas que he enumerado. O han desaparecido o están cerradas o no desarrollan actividad alguna.

Hoy el INE acaba de dar las estadísticas de desempleo en España del tercer trimestre. Son escalofriantes, casi cinco millones de parados. Las de León no son mejores: más de 32.000 involuntarios desocupados, entre una población cada vez más envejecida y en claro descenso (desde los años ochenta no ha pasado uno en el que no se verifique un nuevo descenso de habitantes). La noticia constituye todo un bombazo a la línea de flotación de las mermadas reservas de esperanza que le queda a la ciudadanía. Constituye una nueva inyección de desánimo.

A pesar del dramatismo en sí que encierran estas cifras, lo que me resulta más ignominioso es escuchar (y soportar) las escusas que dan algunos responsables políticos para justificar esta situación: La crisis, dicen: esto se debe a la crisis. Esto se debe a la situación de la economía en el contexto internacional. Es decir, esto nos ha pillado de sorpresa. Es decir, cuando hace más de 25 años se encendieron todas las luces de alarma no significó nada. Es decir, no se va a pedir cuentas a los que dirigían las empresas y las administraciones en aquellos momentos y no hicieron nada. Es decir, no se va a evaluar los costes sufragados en tantas y tantas ceremonias, comisiones, inauguraciones, declaraciones, etc. Es decir, nos acabamos de enterar ahora que la provincia tiene un presente borroso y un futuro incierto. Es decir, nadie va a reprochar ni a inhabilitar ni a apartar de sus responsabilidades a quienes en su día gestionaron tan deficientemente los intereses que les encomendaron guardar los ciudadanos.

Alguien podrá decir: a buenas horas vamos a pedir cuentas a los que hace 25 años nos durmieron con cuentos y nos camelaron con cantos de sirena, ¿dónde vamos a localizarlos? Que nadie se alarme, que no es una misión muy difícil, están aquí, basta con leer cualquier periódico diario y anotar los nombres de los directivos de las Cajas y bancos que están recibiendo sueldos e indemnizaciones millonarias. Hágase una lista con sus nombres y póngase una foto al lado: esos son los responsables y los que mandaban hace 25 años, que nadie tenga la menor duda. Hágase con todas esas fotos un enorme póster, sufragado por todos los ciudadanos, al pie de foto dígase los cargos que han ostentado, póngase la remuneración que han obtenido y publíquense los escasos éxitos cosechados de cada uno. A continuación dígase a la gallega: son estos, !!!Bótelos¡¡¡ Por favor, Bótelos de estas tierras.

viernes, 21 de octubre de 2011

Condenado por abuso sexual

El Diario de León publica hoy una carta de la esposa de un hombre que ha sido condenado por un delito de abuso sexual. La carta me ha conmovido y me ha hecho reflexionar sobre el asunto. El marido de esta señora es un trabajador de una administración pública que, después de haber sido denunciado por la persona agredida, fue condenado en sentencia firme por un delito de abuso sexual cometido contra una compañera de trabajo. La conducta de este individuo es execrable. La cosa está juzgada. El condenado ha acatado y no ha recurrido la sentencia. Después del tiempo transcurrido incluso ha cumplido ya con la condena impuesta. El Ayuntamiento para el que trabaja, en el papel que le correspondió, lo cambió de puesto de trabajo y verificó el cumplimiento de la orden de alejamiento dictada por la autoridad judicial mientras se celebraba el juicio. Hoy la víctima se ha trasladado de puesto de trabajo y de ciudad. No existe nada que pueda justificar la actitud del trabajador condenado. Ya no hay ningún remedio ni paliativo que se pueda poner a la conducta del condenado. Lo único que se le puede desear, ya que ha cumplido con las penas impuestas, es que no se vuelva a producir. En este tipo de conductas delictivas, la tolerancia debe ser cero. A pesar de todo, una parte de la sociedad de su lugar de residencia exige más.  Pide una condena mayor que en este caso debe ser impuesta por la administración para la que trabaja. Por eso después del tiempo transcurrido vuelve a ser actualidad. Su esposa, con la que comparte una hija, dice que nunca se creyó la denuncia de la víctima. ¿Qué otra cosa podría decir? ¿Cómo sino podría soportar la convivencia diaria con el agresor? ¿Cómo sino podrían compartir un proyecto de vida y educar a su hija junto a su marido?

Digo que me ha conmovido el escrito de la esposa porque, a pesar de no dar crédito a la denuncia de la víctima, no dedica ni una sola línea a exculpar o a defender a su marido. No trata de disculpar su actitud, ni arremete contra la justicia, ni contra aquellos que presionan para que se amplíe la pena, ni contra el poder mediático que a falta de otras noticias pone el caso ya juzgado un día sí y otro también en la picota de actualidad. ¡ hay que ver cuánto nos gusta leer estas cosas en la prensa! No, ninguna de estas cosas inspira la carta de una afectada esposa. Acepta resignada la situación; pero con dignidad. De hecho firma su escrito como "la esposa de un condenado por abuso sexual". No se esconde ni esconde la identidad de su marido ni la de ella.

Entonces, ¿qué quiere ahora esta mujer? Quiere dormir. Quiere que no se linche a su marido como se hacía en el lejano Oeste americano. Quiere que el Ayuntamiento adopte ahora, después de haber cumplido condena, las sanciones contra su marido que estime oportunas. Quiere que se le aplique si es preciso la máxima sanción laboral que se le pueda imponer. Quiere que, si es preciso, se dé satisfacción a los que quieren más, a los que piden más. Pero también quiere que su hija vuelva a sonreír. Quiere recobrar para ella y para su hija la normalidad. Quiere que su hija no se convierta en una nueva víctima. Quiere que su hija pueda acudir al instituto alegre, que no sea señalada ni acosada por una falta que no cometió ella. Quiere que aquellos que presionan mediáticamente para que sancionen más a su marido lo consigan si con eso se termina, que aquellos que quieren su puesto de trabajo lo consigan, que aquellos que quieren sacar réditos políticos de este lamentable asunto lo consigan también. Pero para ella lo más importante es que termine cuanto antes este calvario. Quiere que la dejen dormir.

La acción de su marido no es disculpable. No sé cómo se puede reparar el daño a la víctima, supongo que la justicia lo habrá valorado y determinado en la condena impuesta. No sé si esta satisfacción fue suficiente. Pero una cosa tengo muy clara, si no se escucha a esta mujer, en este asunto puede haber más de una víctima. Hoy estamos convirtiendo en víctimas a otras dos mujeres más. Estamos abusando de ella y de su hija. Por eso yo he omitido deliberadamente sus nombres y me gustaría que se le escuchara y que cada cual actúe como le dicte su conciencia. Y aquéllos que quieren aplicar la ley del Talión, que lo hagan; pero que sean tan valientes como la mujer del condenado por abusos, que den un paso al frente y lo digan y si no que se callen y se vayan para sus casas.

jueves, 20 de octubre de 2011

El fin de la banda ETA

Hace un par de días se celebró una conferencia en San Sebastián en la que unos mediadores internacionales de reconocido prestigio solicitaron el cese definitivo de la violencia de la banda terrorista ETA. Casi todo el mundo lo celebró. A mí no me dio ni frío ni calor. Cualquier gesto que se haga en pro del cese de la violencia en el País Vasco sea bienvenido, aunque a mí me parece que si de lo que trata es de hacerse oír ante los terroristas, vasta recordar el clamor de toda la sociedad española solicitándolo. No hay más que asomarse a las hemerotecas para recordar las cientos de manifestaciones que se han convocado para mostrar el rechazo de la banda terroristas. El que a última hora se sumen cuatro voces más, por prestigiosas que éstas sean,  no cambia ni la posición ni la visión que tiene toda la sociedad española de frontal rechazo a las acciones terroristas, a quienes las ejecutan, a quienes las justifican  y a sus encubridores.

Tres días después de esta conferencia, celebrada en pleno proceso de consulta interna de la banda terrorista, se ha hecho público un comunicado histórico de la banda terrorista. Un comunicado sobre el que en los últimos días se venía especulando. Todo el mundo lo daba por supuesto.

Hoy no hay sitio para otra noticia. El comunicado que  acaba de hacer público ETA es una puerta a la esperanza. No es el fin; pero sí el principio del fin. El inicio de la cuenta atrás. Los terroristas encapuchados han distribuido un vídeo en el que comunican su decisión de cese definitivo de la actividad armada. El comunicado ha sido elaborado con el habitual estilo que emplean los terroristas. No se acuerdan de las víctimas ni piden perdón por el daño afligido a cientos de inocentes. Era de esperar. Ahora lo que debemos esperar es que cumplan en todos sus términos el comunicado. Es decir, que hoy se inicie una nueva etapa en España y en el País Vasco en la que esté desterrada la violencia terrorista y en donde la normalidad democrática sea la regla general y no la excepción.

Son muchas las cosas que quedan por hacer. Todavía estamos esperando oír el comunicado de disolución definitiva de la banda armada. Para ello será necesario la entrega de las armas, la verificación de la disolución, etc. Es un arduo y apasionante trabajo; pero hoy lo importante es el anuncio de cese definitivo de la violencia. Esta noche dormiremos todos más tranquilos.

lunes, 17 de octubre de 2011

Escuela de ingenieros de minas de León

La Escuela de Minas de León cuenta con un nuevo equipo directivo. No es uno más. La nueva dirección tiene al menos dos características que la diferencia del resto de las que a lo largo de la historia han ocupado esa responsabilidad. La primera de ellas es la descarada juventud, tanto de su director como del secretario, dos piezas claves del equipo directivo, lo cual indica que tienen cuerda para rato. La segunda característica es que ninguno de los dos cargotenientes dispone de la titulación de ingeniero de minas. Esto es una "anomalía", por llamarlo de alguna manera, que sólo se ha producido en una sola ocasión en toda la historia de la Escuela de León. Entonces se resolvió con una guerra abierta entre una dirección apoyada por profesionales ajenos a la profesión y el sector "duro" representado por el colectivo de ingenieros de minas y afines. Esta guerra fue una versión descarnada del más puro corporativismo profesional. Esto ocurrió hace más de treinta años. Hoy las cosas, afortunadamente, han cambiado. La concepción de la ingeniería, también. 

Cada vez está más arraigado el concepto de que todas las ingenierías parten de un tronco común, cimentado fundamentalmente sobre conocimientos de física y matemáticas. Además este concepto hace honor a la historia, cuando a los aspirantes a ingresar en una escuela de ingenieros se les conocía como jóvenes matemáticos, por la formación previa que debían tener en esta materia. Hubo épocas en las que el ingreso en las escuelas de Caminos, Minas, Montes o Arquitectura se hacía a partir de los estudios comunes realizados en un denominado Colegio Científico. Pero no es menos cierto que llegado su momento las carreras decidieron distinguirse unas de otras y especializarse en sus diferentes ramas del saber, unas veces con mejor criterio que otras. A pesar de ello, todas ellas siempre se miraron de reojo. Por ejemplo, no pocas veces los titulados de Minas exigieron del Gobierno igualdad de trato respecto a los de Caminos.

Para que no haya dudas al respecto, soy de los que pienso que no se puede poner puertas al campo y tampoco al conocimiento, y por tanto, una Escuela Universitaria, con independencia de su especialidad, debe contar siempre con los mejores profesionales. Soy de los que pienso también que el "mestizaje" en la ingeniería siempre es bueno y la historia de la ingeniería así lo corrobora. Para la satisfacción de mi hermano, que es ingeniero de Caminos, suelo recordar que el primer profesor de laboreo de la Escuela de Minas de Madrid, Joaquín Ezquerra del Bayo, fue ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Por cierto, un extraordinario profesional.

La Escuela de Minas de León tiene hoy una nueva dirección. El bastón lo sujeta un joven ingeniero industrial con una excelente preparación y con una sobredosis de ilusión. Creo que las ganas de hacerlo bien son tan grandes que de ahí sólo pueden salir cosas positivas.

Debemos recordar que nos encontramos en un período de cambios profundos. La adaptación de las titulaciones al denominado Plan de Bolonia exigirá grandes dosis de dedicación, trabajo e inteligencia. La comunidad universitaria debería apoyar al nuevo equipo directivo de la Escuela de Minas. Lo mismo deberíamos hacer el resto, es decir, los que desde cierta distancia, contemplando los acontecimientos, nos hemos embriagado con los aromas de esta maravillosa carrera. La ingeniería hoy es más universal que nunca. La transferencia de conocimientos avanza tan deprisa que no hay tiempo que perder en periclitados corporativismos mal entendidos.

Sé lo que digo. Es tiempo de colaborar. Es tiempo de contribuir a re-diseñar y fortalecer una carrera bicentenaria en unos momentos críticos para la profesión, no sólo para el ejercicio de la ingeniería de minas; aunque también. Yo doy la bienvenida al nuevo equipo directivo y le deseo los mayores éxitos posibles: la profesión los necesitará.

lunes, 10 de octubre de 2011

12 de octubre: día de la inteligencia

La del 12 de octubre es una fiesta extraña. No tengo noticia desde cuando se celebra. Pero sí sé que a lo largo de los años ha ido cambiando de nombre. Se llamó Fiesta de la Raza, Día de la Raza, Fiesta de la Hispanidad. En este día se conmemora la fecha en la que Colón avistó por primera vez la tierra que luego, por una de esas paradojas de la vida, se llamaría América, en honor no a él sino a otro descubridor. Al igual que en España, en hipanoamérica también se conmemora esta festividad, con el nombre algo transformado. Allí, según el país, se denomina Día del Descubrimiento, Día Panamericano, Aniversario del Descubrimiento, Día de Colón, etc. Una celebración curiosa es la que se hace en la Venezuela de Hugo Chávez. Este mandatario no se ha atrevido a retirar un día de asueto de la agenda laboral del país, así que le ha cambiado el nombre: los venezolanos el 12 de octubre celebran el "Día de la Resistencia Indígena".

En España. después de los cambios habidos se ha consensuado que a este día se le denomine "Fiesta Nacional de España". Dudo que a pesar de lo rimbombante del nombre sean muchos los ciudadanos que sepan qué se celebra. Si hiciéramos una prospección demoscópica estoy seguro que la respuesta más repetida sería: "El día del Pilar".

Es un día de fiesta. Es un día de asueto, de manera que cada uno celebre lo que quiera. A mí por ejemplo este día me trae a la memoria el célebre episodio protagonizado en 1936 por el general golpista Millán Astray y Miguel de Unamuno en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, en presencia de numerosas personalidades, entre otras de la propia esposa del general Franco.

Miguel de Unamuno murió el último día del año 1936. No conoció la barbarie de la Guerra Civil; pero sí intuyó las futuras consecuencias del golpe militar. El día 12 de octubre de su último año de vida, como tantas otras autoridades, asistió como invitado al Paraninfo de la Universidad de Salamanca para conmemorar el aniversario del descubrimiento de América, la entonces llamada Fiesta de la Raza. 

El filósofo no era uno de los oradores que debían intervenir; pero la presencia de Millán Astray escoltado por sus legionarios, las amenazadoras metralletas que se repartían por la sala: el sacrosanto templo del saber, y las alusiones de algunos energúmenos exaltados a la antiespaña, que querían representar por el País Vasco y Cataluña, hizo que Unamuno indignado se incorporara de su asiento y lanzara un apasionado discurso. En su intervención el filósofo recordó a los asistentes la presencia en el Acto de un obispo "catalán" dispuesto a enseñar la doctrina cristiana, que según Unamuno los golpistas no querían aprender, y la suya propia, profesor "vasco" que había dedicado toda su vida a enseñar la lengua española, paradojas de la vida. En ese solemne acto Unamuno se dirigió al general Millán Astray con la consabida proclama: "venceréis; pero no convenceréis" y la furiosa e inmediata respuesta de Millán: ¡Muera la inteligencia!

Unamuno salvó de milagro la vida aquél fatídico día. Quizás (otra paradoja de la vida) cogerse del brazo de la esposa de Franco le librara de una represalia segura. En cualquier caso, la actitud de Unamuno en aquel caldeado ambiente da buena cuenta la talla intelectual de este pensador. Sólo por el mero hecho de recordar este episodio merece este día ser feriado. El 12 de octubre es el día de la inteligencia. Es el día de Don Miguel de Unamuno: filósofo vasco. Pensador español.




lunes, 3 de octubre de 2011

Un "bróker" con sotana

El Diario de León es un periódico de tradición católica. Por eso a nadie ha de extrañar que dedique una página a glosar las actividades de la Iglesia. Hoy, por ejemplo, aparecen sobre este asunto dos noticias cuando menos curiosas. La primera no es más que una crónica social. El diario decano de la prensa leonesa se hace eco de la consagración de una nueva monja en el monasterio cisterciense de San Miguel de las Dueñas. El reportero informa desde la emoción cómo una nueva monja de "tan sólo 38 años" profesa los votos perpetuos. La religiosa, como manda la tradición, ante un nutrido grupo de espectadores, hizo juramento de pobreza, castidad y obediencia.

Pero la noticia más suculenta, desde mi punto de vista, aparece en las páginas 2 y 3 del citado diario. El periodista Marco Romero elabora un amplio y documentado reportaje en la sección llamada "A fondo". El título es "Lucio Ángel Vallejo Balda: el español que controlará las cuentas del Vaticano". Para los que no están familiarizados con la prensa leonesa, debo advertir que Marco Romero es un periodista de reputado prestigio. Para mi gusto es de lo  mejor que tiene la prensa leonesa. Sus reportajes siempre redactados con mesura están bien documentados y mejor escritos. Es un periodista con oficio. Dicho ésto, debo añadir mi sorpresa al leer el trabajo de Marco. Este sacerdote que nació con estrella, es el artífice de cuantiosos beneficios para la Díócesis de Astorga en la que prestó servicios como ecónomo. Resulta que el padre Lucio Ángel Vallejo, don Lucio, es el bróker más aplicado con el que cuenta la Iglesias: a él se deben el aumento de las donaciones o las cuantiosas inversiones en activos financieros o la reducción drástica del pago de impuestos al Estado debido a su pericia. Pero no es oro todo lo que reluce. También a este sacerdote se deben las fallidas inversiones en GESCARTERA. Aquí el obispado de Astorga perdió hasta la camisa, quizás por eso Sor Hortensia tardara tanto en tomar los hábitos. Hubo de esperar hasta los 38 por falta de "tela".

Pero este pequeño fracaso en nada ha empañado la reputación del bróker con sotana. Por ello, nada más y nada menos, que el propio Papa le ha llamado para hacerse cargo de todo el patrimonio de la Iglesia Católica. Don lucio es un mago de las finanzas. Para muestra, un botón. En el reportaje que comentamos, Marco Romero da un dato revelador: el sacerdote tiene en propiedad un majestuoso chalet, que ha recibido un premio de arquitectura al diseño, que no figura dado de alta en el catastro y por el que nunca ha tributado. ¿Es un mago o no es un mago de las finanzas don Lucio?